1 mar. 2018

Acorazados Clase Iowa. Reactivación.


Un Acorazado de la clase Iowa. Dibujo: Museo Grand Central.
Reactivación de los Acorazados de la Clase Iowa. Parte 1.
         
       Aprovechando la finalización de la maqueta del Acorazado USS Wisconsin en escala 1/72, he decidido escribir una pequeña entrada en el Blog del Museo Grand Central acerca de la reactivación en los años 80 de los Acorazados de la Clase Iowa.    
      Sin duda es este un asunto que ha provocado ríos y ríos de tinta, al margen de miles de comentarios y artículos tanto en la prensa escrita como en Internet.
       Vamos al grano. El 20 de Enero de 1981, Ronald Reagan comienza su mandato como cuadragésimo Presidente de los Estados Unidos de América. En ese momento, las fuerzas armadas norteamericanas habían experimentado un notable declive y  este se había producido de modo evidente tras la “derrota” en Vietnam. Digo “derrota” entre comillas pues hay que recordar que tras la guerra de Vietnam, Estados Unidos siguió siendo la primera potencia económica, industrial y militar del Mundo mientras que Vietnam había retrocedido a la Edad Media. Esa frase popular que dice: “Es mejor no tener victorias así” es perfectamente aplicable a este caso pero cierto es que tras el conflicto, dichas fuerzas armadas, a pesar de su monstruoso tamaño no tenían la capacidad operativa ni la calidad que las circunstancias requerían. Dicho declive operacional – en términos navales - fue acompañado de un aumento significativo de las capacidades de la Flota Soviética. Esta, había pasado en pocos años de ser una fuerza de defensa de costas a convertirse en una flota con capacidad oceánica dotada de un importantísimo activo de submarinos nucleares de ataque y estratégicos, Cruceros pesados, algunos portaaeronaves de curioso diseño como los cuatro de la Clase Kiev y otros buques de los que nos ocuparemos ahora.
Bajo el lema “América se ha recuperado”, Ronald Reagan invirtió la política exterior norteamericana que hasta ese momento se movía en unos derroteros muy derrotistas para con la Unión Soviética. Esta inversión se produjo en los campos político y militar. En el campo político, Ronald Reagan fue un experto no solo en contrarrestar la propaganda soviética sino en dejar a ese régimen criminal en el lugar que le corresponde. En el campo militar, algunos proyectos realizados durante el mandato de Reagan tuvieron su origen anteriormente como es el caso de los Portaaviones de la Clase Nimitz o los submarinos estratégicos de la Clase Ohio, pero hay que decir que estos proyectos fueron revitalizados y acelerados, sacándolos de la parsimonia con la que estaban siendo llevados a cabo.
Corbeta lanzamisiles soviética de la clase Nanuchka. Dibujo:Museo Grand Central.
        La expansión de la Flota soviética desde 1950 había sido considerable. Una de las primeras expresiones de este expansionismo fue la puesta en marcha del programa 68bis o dicho en lenguaje coloquial, la construcción de la serie de Cruceros de la Clase Sverdlov de los que se llegaron a completar 14 unidades. Eran buques de 210 metros de eslora, 16640 toneladas de desplazamiento e iban equipados con un armamento principal consistente en 12 cañones de 152 mm. Dos de ellos, el  Dzerzhinsky y el Admiral Nakhimov fueron más tarde equipados con misiles antibuque.
A estos buques de elegante porte, siguieron los cuatro de la serie Kynda – según la denominación de la Otan – equipados cada uno de ellos a modo de armamento principal con 8 misiles SS-N3B. A estos buques siguieron los cuatro de la serie 1134 Berkut o “Kresta” armados igualmente con misiles SS-N-3 Shaddock.La Clase Kresta II O 1134 Berkut-A era una variante de la anterior y las 10 unidades, se equiparon con lanzadores de misiles SS-N-14 Silex. A estos siguieron los siete buques de la Clase 1134B Berkut B o en código Otan clase “Kara” de 9700 toneladas y 173 metros de eslora. 
Bombardero soviético TU-95 Bear. Este avión podía utilizarse bien como bombardero estrategico, bien como avión de reconocimiento oceánico. A día de hoy algunos de ellos siguen en servicio en la fuerza aérea rusa. Dibujo.Museo Grand Central.
         A partir de 1980 comienzan a entrar en servicio los destructores de la Clase Udaloy de 7530 toneladas igualmente equipados con misiles SS-N-14, completándose un total de 13 unidades. Simultáneamente, comienzan a entrar en servicio los destructores de la Clase Sovremenny de los que llegan a completarse 21 unidades. Estos buques irían equipados con el misil SS-N-22 Sunburn, que contrariamente a lo que se cuenta en una buena cantidad de foros donde abundan los “analistas militares”, no es un arma nueva, ni secreta, ni desconocida ni que vaya a venir a alterar el equilibrio naval. Es un misil antibuque excelente cuyo diseño tiene 34 años y nada más.
Bombardero TU-95 Bear en vuelo. Dibujo:Museo Grand Central.
          A toda esta serie de nuevas unidades, se añadió una nueva clase de buques dotados de una excelente potencia de fuego. Me refiero a los buques denominados 1164 “Atlant” o Slava de los que se completaron tres unidades. El armamento principal de estos buques estaba  compuesto por 16 misiles P-500 Bazalt con un alcance de 550 kilómetros y equipados cada uno de ellos con una ojiva de 1000 Kg de peso. A diferencia de algunos, yo no voy a entrar en detalles acerca de las características operacionales de estos u otros misiles pues estos datos –Como es normal - no se facilitan a nadie de modo que ni yo ni nadie al margen del Proyecto los puede saber.
       
Dos Cruceros de la Clase Kirov - Proyecto Orlan - junto a un 1164 Atlant y un destructor de la Clase Sovremenny. Junto a ellos podemos ver un submarino lanzamisiles de la Clase Akula. El código OTAN de estos submarinos era Clase Typhoon. Maqueta: Museo Grand Central.
La expansión naval soviética continúa y en Diciembre de 1975 entra en servicio el primer portaaeronaves medianamente serio de la Unión Soviética. Me refiero a la Clase Kiev. Estos extraños buques – mitad Crucero y mitad Portaaviones -  de 270 metros de eslora y con un desplazamiento de unas 45.000 toneladas, iban equipados con un grupo de vuelo consistente en  12 aviones Yak-38 Forger, que era algo parecido a un Harrier y 16 helicópteros. A este buque seguirían otros tres más de la misma serie y que irían incorporando mejoras en lo referente a la electrónica y el armamento.
         La Clase Kiev fue acompañada de los dos portahelicópteros de la Clase Moskva de 17500 toneladas de desplazamiento y 189 metros de eslora. Eran capaces de transportar unos 14 helicópteros a una velocidad de 31 nudos. Su misión era básicamente antisubmarina y a este cometido se dedicaron durante toda su vida útil.
         Toda esta parafernalia de buques iba acompañada de un programa bastante completo de submarinos nucleares de ataque y estratégicos divididos en varias clases y sobre los cuales no vamos a entrar aquí en detalles pues ya sería un poco tedioso pero hay que decir que la flota submarina soviética fue la más numerosa con diferencia durante la Guerra fría. Cierto es que muchos de sus buques e incluso clases enteras de submarinos podían considerarse obsoletas y no ofrecían una mejora con respecto a los buques que se operaron durante la Segunda Guerra Mundial y que en ese momento estaban completamente superados pero no deja de ser un dato a tener en cuenta.
Montaje doble de cañones AK-130 a bordo de un destructor sovietico de la clase Sovremenny. Dibujo:Museo Grand Central.
Hasta aquí, el programa de construcción e incremento numérico y cualitativo de la Flota Soviética inquietaba al Pentágono lo justo. No en vano, la Flota Soviética no tenía ni de lejos la capacidad de Proyección de poder de la norteamericana pues esta contaba con una potentísima aviación naval basada en Portaaviones. De eso no cabe duda pero la Unión Soviética no iba a detenerse ahí. Cuando digo esto, me refiero al Proyecto 1144 Orlan o más comúnmente llamada “Kirov” y a otra serie de proyectos como el 1153 Orel que consistía en la construcción de un Portaaviones nuclear de unas 75.000 toneladas de desplazamiento y 321 metros de eslora que sí darían a la Flota Soviética una auténtica capacidad oceánica y en términos coloquiales, la capacidad de hacer daño.
         De todo esto, sacamos como conclusión que la Administración Reagan se encontró con una flota soviética numéricamente grande y con unas perspectivas reales a medio plazo de poder poner en entredicho seriamente el dominio del mar que Estados Unidos mantenía.
         Para aquellas personas a las que esto del “Dominio del mar” les suene a una novela de Julio Verne o simplemente sea un concepto al que no le conceden – por diversos motivos – la más mínima importancia, diremos que por mar se transporta el 80% de las mercancías que recorren de un modo u otro la superficie del Planeta. Materias primas, exportaciones de productos manufacturados, carburantes, alimentos, etc... Todo viaja por mar y el motivo es que es el método más eficiente. De ahí la importancia de controlar y proteger las vías marítimas. De ahí la importancia de poseer una flota capaz de defender tu tráfico marítimo y de machacar el del adversario. Si ahora mismo ustedes tienen luz eléctrica en casa es porque un barco ha traído el carbón para la térmica desde Polonia, China o Estados Unidos. Si su automóvil y los transportes públicos funcionan es porque un petrolero ha traído o bien el petróleo para refinarlo o bien el combustible ya preparado. Si las industrias de transformación funcionan es porque un buque ha traído desde las antípodas el mineral de hierro, la bauxita o lo que sea menester. Estas materias primas y productos no vienen por avión ni por UPS como algunos tarugos está visto que creen. Vienen en un carguero. Si se hunden los cargueros o se impide su salida usted se queda sin luz, sin coche, sin trabajo y posiblemente sin comer. En pocas palabras, se queda con el candil y la tartana. Es tan sencillo como eso.

Detalle de dos de los cruceros de la Clase Kirov - Proyecto Orlan - y del crucero de clase Atlant. Maqueta:Museo Grand Central.
El Proyecto 1144 Orlan.
      
      El Proyecto 1144 Orlan causó una desagradable sorpresa en la US Navy que como he comentado estaba viviendo no tanto una mala racha pero sí un estado letárgico derivado de la política de pasotismo del Presidente "cacahuete" Carter. El Proyecto 1144 Orlan consistía en la construcción por parte de la Unión Soviética de cuatro Cruceros de batalla de 28.000 toneladas, 252 metros de eslora y armados con una impresionante panoplia de misiles de crucero antibuque, misiles antiaéreos y artillería. La batería principal de misiles de los Cruceros de batalla de la Clase Kirov consistía en 20 misiles P-700 Granit y 14 misiles SS-14-Silex. Este armamento varió de un buque a otro de la clase al igual que el armamento secundario y los sistemas SAM pero la idea que trato de transmitir es que se trataba de unos buques extremadamente potentes y peligrosos. La Clase Kirov se dotó de un sistema de propulsión combinado llamado CONAS.  Este sistema combinaba la energía nuclear y una planta accionada a combustible. Un método un poco extraño pero que en absoluto mermaba la capacidad del buque. El misil P-700 es una variante del sistema de misiles P-500 anteriormente citado y se trata de un misil equipado con una ojiva de 750 Kg y que dispone de un alcance de unos 625 kilómetros. Baste decir que media docena de estos misiles, bastaban para arruinar cualquier Portaaviones de la US Navy. Por supuesto, los P-700 podían ser equipados con una ojiva termonuclear de unos 500 kilotones lo cual les daba una capacidad de destrucción digna de tener en cuenta. Si bien estos buques eran una amenaza para los grupos de Portaaviones de la US Navy, no lo eran menos para el tráfico mercante en caso de conflicto abierto. El Kirov podía volatilizar un convoy de 30 buques mercantes con todo lo que llevaran a bordo en el tiempo que tarda uno en fumarse un cigarro.
        A la puesta en marcha del primero de estos grandes buques de guerra – que aún hoy a excepción de los Portaaviones y tras la baja definitiva de los Acorazados de la Clase Iowa de los que vamos a ocuparnos aquí, son los buques de combate de superficie más grandes del Mundo – siguió una expansión verdaderamente alarmante de la aviación naval soviética con base en tierra. He comentado que la URSS no disponía de Portaaviones en el sentido estricto de la palabra. El citado Proyecto 1153 Orel también denominado Ulyanovsk no llegó a ser completado y de los dos atípicos Portaaviones de la Clase Kuznetsov solo el primero de ellos llegó a entrar en servicio pero después de la caída de la URSS. 
Bombardero TU-22M Backfire. Este avión con alas de geometría variable, podía utilizarse para diversas misiones. Ataque a objetivos navales o terrestres en misiones tácticas o bien como plataforma estratégica. Haciendo uso del reabastecimiento en vuelo, el Backfire podía, desde sus bases en la península de Kola, atacar objetivos en la costa este norteamericana. Maqueta:Museo Grand Central.
       Cuando me refiero a la aviación naval soviética con base en tierra, me refiero como no a la puesta en servicio de los conocidos y controvertidos bombarderos TU-22M Backfire. El primer vuelo de este potentísimo avión se produce en 1972 y operó indistintamente con la Fuerza Aérea Soviética a modo de bombardero estratégico y con la Aviación naval. La autonomía de unos 2500 kilómetros del avión sumada a la velocidad de más de 2300 kilómetros por hora que podía desarrollar, lo convertían en un arma adecuada para hacer patrullajes por el Atlántico. No obstante cuando los Backfire comenzaron a operar con el misil antibuque KSR-5 o “Kingfish” en código Otan, se convirtieron en una amenaza de lo más serio. Al margen de la velocidad y la autonomía del Backfire, el misil KSR-5 disponía de una ojiva de 1000 Kg de peso, una velocidad de Match 3.5 y un alcance operativo de entre 300 y 700 Kilómetros si bien estos datos son, como he comentado, aproximados. Al margen de esto, el Backfire podía ser rápidamente equipado para ser reaprovisionado en vuelo con lo cual podía convertirse en un Bombardero estratégico de facto.
      Con este desagradable pastel – por llamarlo de algún modo – se encontró, como he comentado anteriormente la nueva administración norteamericana. La frase del Presidente “América se ha recuperado” no fue pronunciada en vano y ahora que hemos visto los preparativos de la Flota y de la Aviación naval Soviética vamos a ver qué es lo que se comenzó a hacer en Estados Unidos para hacer frente a esto.

Isla de un portaaviones norteamericano de la clase Nimitz. Dibujo:Museo Grand Central.
John Lehman y la flota de 600 buques.
      
       He comentado que en el momento de la toma de posesión del cargo del Presidente Reagan, la US Navy vivía una especie de letargo. Una especie de letargo pero no una paralización pues no en vano había varios proyectos en marcha. Claro que estos proyectos avanzaban con lentitud y  parsimonia. El primero de los Portaaviones nucleares de la Clase Nimitz se entregó con un retraso considerable y eso provocó a su vez un retardo en la construcción del segundo buque – el USS Eisenhower – además de un aumento brutal en los costes. Esto fue corregido y el debate en el Congreso acerca de si era necesario seguir construyendo más Portaaviones de la Clase fue zanjado. Los datos mandaban y los datos decían que mientras se debatía en el Congreso la Flota Soviética crecía y crecía. La puesta a punto de los nuevos submarinos de la Clase Ohio, armados cada uno con 24 misiles Trident equipados hasta con 14 ojivas nucleares por misil se aceleró. Cada uno de estos submarinos, tenía una eslora de 170 metros y desplazaban unas 18.000 toneladas. Asimismo se acometió una serie de mejoras en los buques precedentes de la Clase Benjamin Franklin. Mejoras consistentes principalmente en el reemplazo de los 16 misiles Poseidón C-3 por los nuevos Trident I C4 equiparándolos así a los nuevos submarinos de Clase Ohio.  
Portaaviones norteamericano de la clase Nimitz. Dibujo:Museo Grand Central.
       Todo esto comenzó a hacerse bajo la dirección del Secretario de la Armada John Lehman que había preparado un gigantesco plan de expansión de la US Navy denominado “Plan de 600 buques” El plan de 600 buques no solo consistía en acelerar la construcción de nuevas unidades sino en mejorar las ya existentes e incluso en reactivar buques de la reserva con el fin de restablecer el dominio absoluto de los océanos.  
        Lo comentado acerca de los submarinos fue la punta del iceberg pues de inmediato se ordenó acelerar la construcción de las Fragatas de la Clase Oliver Hazard Perry de 4200 toneladas de desplazamiento, armadas con unos 40 misiles antiaéreos SM-1 ,antibuque RGM-84 Harpoon, dotadas de una excelente capacidad antisubmarina y de las que se llegaron a completar 51 unidades para la flota norteamericana. Se aceleró asimismo la terminación de la serie de 31 destructores pesados de la Clase Spruance de 8040 toneladas de desplazamiento a los que se les añadieron cédulas de lanzamiento vertical de misiles VLS con capacidad para Tomahawk. Esta mejora se realizó en catorce de los buques mientras que otros recibieron dos contenedores ABL MARK-143 con capacidad para ocho misiles Tomahawk. Todos los buques recibieron asimismo una dotación de ocho misiles antibuque Harpoon y sistemas CIWS de defensa antimisil. Al margen de todo ello, se aceleró la construcción de los siguientes Portaaviones de la Clase Nimitz y como respuesta al Bombardero
Caza naval norteamericano Grumman F-14 Tomcat. Dibujo: Museo Grand Central.
Backfire antes citado y a la amenaza de los nuevos misiles antibuque soviéticos, se acabó de implementar el Caza F-14 Tomcat a bordo de los Portaaviones capaces de admitirlo en sustitución de los eficaces pero antiguos F-8 Crusader y F-4. Este formidable avión capaz de volar a una velocidad de 2880 kilómetros por hora en conjunción con el misil AIM-54 PHOENIX era capaz de enfrentarse tanto a los misiles de crucero soviéticos como a los bombarderos pero lo más sofisticado estaba por llegar. Cuando digo lo más sofisticado, me refiero a los cruceros de la Clase Ticonderoga equipados con el sistema Aegis de defensa de la Flota. Estos buques, de los que se llegaron a completar 27 unidades, representaron lo más moderno y la respuesta a un ataque masivo gracias a su sistema Aegis y a su dotación de 122 misiles de diversos tipos al margen de sus capacidades antisubmarinas nada desdeñables.
Cañones AK-130 y contenedores de misiles SS-N-22  a bordo de un destructor soviético de la clase Sovremenny. Dibujo:Museo Grand Central.
          En cuanto a los Portaaviones convencionales en activo en la US Navy en ese momento, podemos hacer las siguientes consideraciones: La US Navy disponía de dos Portaaviones de la Clase Midway de unas 65.000 toneladas uno de los cuales – el Coral Sea – se encontraba en unas condiciones pésimas y listo para el desguace. El buque fue indultado y sufrió una serie de mejoras en profundidad que lo pusieron al día. En cuanto el nuevo caza polivalente F-18 Hornet estuvo listo, se embarcó a bordo de estos buques en sustitución de los antiguos F-4. Al margen de estos dos Portaaviones, la US Navy disponía de otros ocho portaaviones  convencionales. Cuatro de la Clase Forrestal de unas 80.000 toneladas a plena carga, tres de la Clase Kitty Hawk de un desplazamiento similar pero con un diseño mejorado de la cubierta de vuelo y el Kennedy que conforma una clase en sí misma con un desplazamiento de unas 84.000 toneladas. Todos estos buques recibieron actualizaciones y carenas con el fin de mantenerlos a punto. El Portaaviones nuclear USS Enterprise sufrió asimismo una gran reconstrucción en profundidad al igual que la serie de Cruceros nucleares de la US NAVY. Se incrementó asimismo la construcción de los 62 submarinos nucleares de ataque de la clase Los Ángeles que por su complejidad eran los equivalentes a los Cruceros Ticonderoga ya citados. Estos submarinos disponían de torpedos pesados MARK-48 y en algunos casos de misiles antibuque Harpoon y Tomahawk. Los 37 submarinos de ataque de la Clase Sturgeon recibieron asimismo mejoras importantes y actualizaciones. La puesta en servicio del Bombardero TU-22M ya citado por parte de la Unión Soviética tuvo la respuesta un tanto tardía con la entrada en servicio del
Bombarderos norteamericanos B-1B Lancer. Dibujo: Museo Grand Central.
B-1  del que se construyeron 104 unidades en dos variantes y que disponía de un radio de acción de 5543 kilómetros. También se adaptaron algunos de los bombarderos estratégicos B-52 para llevar 16 misiles antibuque Harpoon en estaciones exteriores y que gracias a su gran radio de acción podrían efectuar patrullas de gran duración en el Atlántico norte. Se programó el despliegue masivo de misiles Tomahawk en submarinos y buques de superficie en sus diversas versiones incluyendo la versión TLAM-A equipada con una ojiva termonuclear W-80 de 150/200 kilotones de potencia.
   Este es, a modo muy superficial y en lo que al asunto naval se refiere, el ambiente que se respiraba en el momento en que en Estados Unidos se decidió la reactivación de los cuatro Acorazados de la Clase Iowa que dormían en la naftalina el sueño de los justos. El sueño se iba a terminar pronto.

Los Acorazados vuelven.
      
     Los motivos por los cuales se decidió sacar de la reserva los cuatro Acorazados de la Clase Iowa construidos durante la Segunda Guerra Mundial fueron varios y diversos. Como ya he comentado anteriormente, el proyecto del Secretario de Defensa norteamericano incluía no solo la construcción de nuevos buques y la mejora de los ya existentes sino la reactivación de algunos de los buques que se encontraban inactivos en la reserva. 
        Un buque puede llevarse a la reserva bien porque ha llegado al fin de su vida útil y ha de decidirse si se desguaza, se conserva de Museo o se vende a un tercero, bien por motivos presupuestarios o bien porque a pesar de ser un barco nuevo o casi nuevo no se le encuentra utilidad a corto o medio plazo. El nivel de atención que reciben los buques cuando están en la flota de naftalina es distinto en función de si se trata de una nave que va a ser desguazada en breve o va a ser conservada para un uso futuro aunque incierto. En el primer caso, el buque no recibe más que la vigilancia adecuada para evitar incendios y poco más. En el segundo caso, la cosa es más complicada y el proceso de preparación de un buque para llevarlo a la naftalina suele ser largo. En primer lugar
Modelo a escala 1/72 del Portaaviones USS Lexington. Este buque era un hermano cási gemelo del USS Oriskany. Con base en Pensacola, el USS Lexington sirvió como buque de entrenamiento en la US Navy hasta 1991.
hay que desmontar del buque todas las antenas y equipos susceptibles de estropearse. Estos equipos han de ser embalados y guardados cuidadosamente. A continuación hay que instalar a bordo del buque un sistema de deshumidificación y vigilar su funcionamiento de modo periódico con el fin de conservar correctamente y sin moho el interior del buque así como su instalación eléctrica y mobiliario. Seguidamente hay que instalar el sistema de protección catódica en el casco para evitar que se cree en él un arrecife de mejillones, lapas, percebes, algas y todo tipo de cosas extrañas. El siguiente paso es cubrir con grasa cosmoline todos los cierres, mecanismos y partes metálicas delicadas que puedan deteriorarse con el óxido, para a continuación sellar con plástico adhesivo las piezas de artillería y las partes de la superestructura que vengan en consideración, además de añadir gas inerte en las zonas selladas que se considere adecuado. En ese momento el buque está listo para pasar unos años conservado. 
     En el momento en que se decidió poner en marcha la parte del plan que conllevaba la reactivación de algunos buques de la Flota de Reserva, se comenzó a confeccionar una lista con los posibles candidatos. Uno de ellos era el Portaaviones USS Oriskany de la serie Essex que había sido dado de baja en 1975. La inspección del buque reveló que las condiciones materiales del mismo eran bastante pobres. Cuando el buque causó baja no se pensó en volver a ponerlo en servicio y por tanto las condiciones de conservación no eran las adecuadas. Según la documentación disponible al respecto, se calculó un coste de casi 500 millones de dólares para volver a poner el Portaaviones en servicio y sin duda, la obra era factible desde un punto de vista técnico. Sin embargo desde el punto de vista económico no lo era en absoluto. Se trataba de gastar 500 millones en un portaaviones que incluso tras las modificaciones solo podría llevar su anticuado grupo de vuelo por motivos de espacio y de todos modos las condiciones materiales eran tan malas que en quince años habría que convertirlo en chatarra. Se inspeccionaron otros buques iguales a este que se encontraban en la reserva, en concreto el USS Shangri-la y el USS Bonn Home Richard para ver posibilidades pero tenían las mismas limitaciones que el otro y en alguno de los casos las condiciones materiales eran aún peores. A continuación se planteó la reactivación de alguno de los Cruceros pesados de la Clase Des Moines. Los resultados de las inspecciones fueron más optimistas pero la artillería de estos buques estaba literalmente quemada y ya no se disponía de la capacidad industrial que permitiera reemplazar las piezas. Simultáneamente a todo esto, se volvió a poner encima de la mesa la reactivación de los Acorazados de la Clase Iowa y sin duda, estos buques tenían todas las posibilidades por encima de los demás para volver a formar parte de la Flota activa. Digo que se volvió a poner encima de la mesa pues la reactivación de los Acorazados había sido debatida en varias ocasiones antes de la llegada de la Administración Reagan. 
Superestructura de un acorazado de la clase Iowa. En primer plano dos de las torretas de 127 mm. Sobre ellas, el sistema de defensa de punto y a la derecha el puente de navegación. Dibujo: Museo Grand Central.
        La Clase Iowa constaba de seis buques de los cuales cuatro se llegaron a entregar mientras que los otros dos se terminaron desguazando antes de su conclusión. Estos buques eran/son: USS  Iowa, USS New Jersey, USS Missouri, USS Wisconsin, USS Illinois y USS Kentucky. Como he comentado, los dos últimos no llegaron a entrar en servicio pues una vez acabada la Segunda Guerra Mundial su construcción se fue ralentizando más y más hasta que se decidió desguazarlos. La primera razón para poner en servicio de nuevo estos buques fue la sorpresa que causó la construcción de los citados Cruceros de batalla soviéticos del Proyecto 1144 Orlan. Las cosas son como son y a mucha gente no le pareció bien que la Unión Soviética dispusiera de los mayores buques de combate de superficie del Mundo. La respuesta a la pregunta del Presidente Reagan a la Armada “¿Podemos construir un buque parecido?” fue textualmente “Por supuesto que sí pero nos llevaría años”. Los Acorazados estaban allí. Era un activo que estaba amortizado y además estos buques hacían pequeños y por mucho a los nuevos y sorprendentes buques soviéticos.  
Vista hacia popa de un acorazado de la clase Iowa. En primer término, dos de las torretas de artillería equipadas con cañones de 406 mm. Dibujo: Museo Grand Central.
        La segunda razón era técnica. La reactivación de los Acorazados era perfectamente viable pues su estado de conservación – a excepción del USS Wisconsin – era correctamente bueno. No en vano, eran barcos muy bien construidos y con una solidez extraordinaria. Los dos buques conservados en la Naftalina en el Arsenal de Filadelfia – el USS Wisconsin y el USS Iowa – se encontraban peor conservados pero los que se hallaban en el Arsenal de Bremerton en el Pacífico tenían unas condiciones mucho mejores. No en vano el USS Missouri podía visitarse y el USS New Jersey que se encontraba en el amarradero contiguo había sido reactivado en 1967 para realizar una serie de misiones de apoyo de fuego en Vietnam y ya había recibido bastantes mejoras que luego abaratarían su reactivación. Si bien la capacidad industrial para construir piezas de artillería MARK-7 406/50 que conformaban la batería principal de estos buques, se había perdido, no era menos cierto que existía una reserva de 34 cañones completamente nuevos e igualmente se disponía de unos 34.000 proyectiles para ellos. El asunto de los proyectiles no era además un problema pues se podían fabricar más por poco dinero. Los proyectiles, fabricados durante la Segunda guerra mundial serían enviados a Los Álamos por tandas para ser revisados y restaurados externamente. 
       La memoria corporativa para el manejo de los Acorazados se había perdido en gran parte pero se recurriría a los veteranos ya jubilados que se encargarían de transmitir su experiencia y conocimientos a los más jóvenes para que pudieran manejar los buques con seguridad. 
         Es interesante señalar un dato. Estos buques tenían cuarenta años pero en realidad eran prácticamente nuevos pues el tiempo real durante el cual se habían utilizado no llegaba ni al 15% del total de su vida útil. Podríamos decir si lo llevamos a términos automovilísticos, que estos Acorazados no tenían hecho ni el rodaje. También es necesario añadir que la velocidad que podían desarrollar estos buques, les permitían navegar junto a los Portaaviones sin problema alguno. 
Puente de navegación y torreta 2 de un acorazado de la clase Iowa.
          La tercera razón era económica. Esto puede sonar un poco raro si lo analizamos desde el punto de vista nuestro pero si nos ponemos en su lugar no tanto. Se calculaba un coste aproximado de 450 millones de dólares para proceder a la reactivación de cada uno de los Acorazados a excepción del USS New Jersey que sería más económico al haber estado en servicio no hace mucho. 450 millones es el coste de una Fragata de la Clase Oliver Hazard Perry de las que hemos hablado anteriormente. Por ese precio, la Fragata ofrecía una sola pieza de artillería ligera de escaso alcance, del orden de 40 misiles antiaéreos SM-1, una capacidad antibuque consistente en cuatro misiles Harpoon, un sistema de defensa de punto y un helicóptero SH-60 LAPMS. Todo ello sobre un casco liviano de 4200 toneladas y una planta propulsora capar de dar unos 28 nudos. 
          Esos 450 millones invertidos en la reactivación de un Acorazado proporcionaría una enorme potencia artillera consistente en 9 cañones de 406/50 con un alcance de 38200 metros capaces de lanzar proyectiles APC de 1225 kg. o bien proyectiles de alto explosivo de 862 kg. con una cadencia total – toda la batería -  de 18 disparos por minuto. Además se contaría con la batería secundaria consistente en 12 cañones de 127 mm, cuatro sistemas de defensa de punto CIWS y una dotación de misiles que estaría compuesta por 32 Tomahawk de diversas versiones y 16 Harpoon antibuque. Podrían asimismo llevar dos o tres helicópteros SH-60 LAMPS y todo ello sobre un casco de 270 metros de eslora, 58.000 toneladas de desplazamiento y una protección consistente entre otras cosas de una coraza de clase B de más de treinta centímetros de espesor. Por el mismo precio, la Fragata salía muy mal parada en la comparación tanto en tamaño y en protección por no hablar en armamento. Por último, la velocidad del Acorazado podía aventajar a la de la Fragata por tres o cuatro nudos. Hay que añadir a todo esto el hecho de que la US Navy ya disponía de una enorme cantidad de Fragatas y Destructores. Cuatro buques más de esta clase no aportarían nada pero los Acorazados sí.  Otra ventaja era que estos buques podían aprovisionar de combustible a los buques de su escolta si no había un petrolero a mano.
Cañón Mark 7 406/50 instalado a bordo de los acorazados de la clase Iowa.
           La cuarta razón era evidente y saltaba a la vista nada más observar los buques. Daban miedo. La sensación de amenaza que transmitían estas naves era real y esto se debía a que eran buques que – hablando en términos coloquiales – enseñaban los dientes. Ese miedo no estaba infundado y se basaba en hechos. Baste como ejemplo que los Norvietnamitas se preocupaban lo justo de la presencia de los Marines y en realidad más bien poco de los ataques aéreos lanzados desde los Portaaviones norteamericanos pero...el Acorazado USS New Jersey no era un motivo de preocupación para ellos. Era lo siguiente y lo explicaré. Si las tropas de tierra solicitaban apoyo aéreo, este solía venir de un Portaaviones. Un Portaaviones que se encontraba a ciento cincuenta millas de la costa y a bordo del cual, una vez recibida la solicitud, había que izar los aviones a cubierta, armarlos, catapultarlos y ya en vuelo reaprovisionarlos. Para cuando llegaba el ataque había pasado una hora, había acabado la operación con bastantes bajas propias y los Norvietnamitas ya se habían ido. Los aviones terminaban soltando las bombas en un lugar donde ya no había nadie ni ocurría nada creando una situación frustrante. Eso cuando no terminaban derribados un par de aviones y sus pilotos tomados como prisioneros. Si las tropas de tierra pedían apoyo de fuego y el Acorazado se encontraba cerca, el tiempo transcurrido desde la solicitud hasta que empezaban a caer los proyectiles de 862 kg. en las posiciones del Vietcong era de dos o tres minutos. Los norvietnamitas no podían huir pues no había tiempo y de nada les valía esconderse en los túneles pues los proyectiles, lanzados con cierta insistencia los levantaban como quien levanta un hormiguero con una azada.  El USS New Jersey fue reactivado para la guerra de Vietnam el 6 de Abril de 1968 tras una puesta a punto y permaneció en activo hasta el 17 de Diciembre de 1969, habiendo disparado un total de 5688 proyectiles de 16 pulgadas y 14891 de cinco pulgadas. Esto nos lleva a otra consideración sobre la reactivación de los Acorazados de la Clase Iowa.
Sistema de defensa de punto CIWS. Dibujo: Museo Grand Central.
     Como es normal, la reactivación de los buques tuvo bastantes detractores en Estados Unidos y como no en el resto del Mundo. El principal argumento esgrimido por algunos congresistas durante los debates acerca de la asignación de fondos para ello, fue que el Acorazado era un concepto obsoleto y que eso era algo que había quedado demostrado en la Segunda Guerra Mundial. Parece un argumento de peso a la vista de los Acorazados que resultaron hundidos durante la contienda pero ese es un dato que hay que mirar con cuidado y no a la ligera. Eso al margen de que no solo fueron los Acorazados los que fueron hundidos durante las acciones bélicas. Un número importante de Portaaviones les acompañaron al abismo junto con una cantidad espantosa de otros buques más pequeños tales como Cruceros y Destructores. Los submarinos de Doenitz resultaron igualmente derrotados y experimentaron unas pérdidas atroces. Han quedado obsoletos los Portaaviones o los submarinos por causa de esas pérdidas? En absoluto.
       Lo que sí demostraron sin género de duda los resultados de los enfrentamientos navales de la Segunda Guerra Mundial es que el Acorazado ya no era ni podía ser el buque principal de la flota y eso se debía a la aviación naval basada en el Portaaviones. Sin embargo el Acorazado si era útil en ciertos escenarios determinados como el que he señalado anteriormente, donde los grandes Portaaviones de miles de millones de dólares resultaron poco eficaces pues no estaban diseñados para eso. Quizá no merecía la pena construir de nuevo un Acorazado – eso es otro tema – teniendo en cuenta su relación coste/eficacia pero aquí se trataba de aprovechar unos buques y unos repuestos de los que ya se disponía.
        En otro orden de cosas, estos Acorazados ofrecían una capacidad de resistencia pasiva que resultaba inmensamente superior a cualquier otro buque de la Flota.
Aspecto general de un acorazado de la clase Iowa tras su reactivación. Maqueta del USS Wisconsin en escala 1/72. Museo Grand Central.
           Llegado el momento de proceder a la reactivación de los buques, se consideraron varios proyectos. Una de las opciones consistía en sustituir la torreta de artillería de popa e instalar en su lugar un puente de vuelo e instalaciones para poder operar con 12 aviones Harrier de despegue vertical y algunos helicópteros. Se añadirían asimismo contenedores ABL para los misiles Tomahawk, misiles Harpoon, CIWS, Etc...En esta configuración los buques habrían tenido un aspecto similar a los Acorazados Japoneses Ise e Hyuga de la Segunda Guerra Mundial y que fueron reconvertidos en Portahidroaviones. Esto se desestimó casi de inmediato pues la US Navy ya disponía no solo de una gran cantidad de Portaaviones sino también de un considerable número de buques de asalto anfibio de las Clases Tarawa e Iwo Jima capaces de operar con estos aviones de un modo más seguro y eficaz. La modificación resultaría además sumamente engorrosa y costosa en términos de dinero y tiempo.
Aspecto general de un acorazado de la clase Iowa tras su reactivación. Maqueta del USS Wisconsin en escala 1/72. Museo Grand Central.
      Finalmente se adoptó una configuración consistente en la sustitución de cuatro de las torretas dobles de 127 mm por ocho contenedores ABL MK-143 para un total de 32 misiles de crucero BGM-109 Tomahawk, cuatro sistemas de lanzamiento MC/141 para un total de 16 misiles antibuque RGM-84 Harpoon, cuatro sistemas de defensa de punto antimisil CIWS Phalanx y una mejora de los sistemas electrónicos y de contramedidas del buque. Esto último consistió en la instalación de los sistemas de guerra electrónica AN/SQL-32, los señuelos de torpedos AN/SLQ-25 NIXIE además de los sistemas chaff MARK/36 SRBOC. En cuanto a los sistemas de radar, se instalarían a bordo varias cosas nuevas. En primer lugar, un radar AN/SPS/49 junto con un AN/SPS-67 sobre la torre de dirección de tiro y se añadiría en cada una de las torretas un radar RD-810. Para disparar los misiles Harpoon  y  Tomahawk, se instalarían los sistemas de control de fuego SGT-1 o SGT-2. No obstante el buque conservaría los sistemas de dirección de tiro originales entre los que se encontraban los calculadores analógicos Ford MK-1 con los sistemas estabilizadores y de disparo MK-41 agregados al mismo. Las direcciones de tiro MK-38 instaladas de origen a bordo de los Acorazados, se mantendrían. También se conservaría el computador electromecánico MK-8, que al margen de todo esto, es una pieza de lo más interesante. Toda esta serie de mejoras se completarían con un sistema de comunicación vía satélite, siete nuevas plantas de acondicionamiento de aire, una modificación en las calderas que incrementarían su rendimiento y la capacidad para poder operar con los vehículos RQ-2 PIONEER.
Aspecto general de un acorazado de la clase Iowa tras su reactivación. Maqueta del USS Wisconsin en escala 1/72. Museo Grand Central.
       Como es normal, toda la maquinaria hubo de ser revisada a fondo y las calderas sufrieron una modificación severa. Se instalaron siete plantas de acondicionamiento de aire, nuevas camaretas y se reacondicionaron todos los lugares de concurrencia. La puesta a punto de los Acorazados conllevó el cambio de toda la tarima de la cubierta en cada uno de ellos. También fue necesario sanear toda la cubierta principal y en el caso del USS Wisconsin se emplearon 1500 toneladas de chapa nueva.  El estado de los cuatro buques era diferente y eso condicionó de modo dramático el calendario de puesta a punto de los mismos. El primero de los Acorazados sobre el que se acometió la labor de reactivación fue el USS New Jersey. Como he comentado antes, este buque había estado en activo durante la guerra de Vietnam y por tanto ya había sufrido una serie de mejoras a bordo que abarataron y acortaron el programa de reactivación. En el momento de meter el buque en el dique seco, se observó que el casco tenía una ligera deformación en el combés. Se ignora a qué fue debido el daño pero eso no alteró las condiciones de navegación del mismo ni afectó a su velocidad máxima. La estructura de la ciudadela era un poco diferente a la de sus hermanos gemelos debido a la modificación sufrida unos años antes.
        El USS New Jersey fue recomisionado el 28 de Diciembre de 1982 en Long Beach en una ceremonia en la que hicieron acto de presencia el Presidente Reagan y el Secretario de Marina.
Aspecto general de un acorazado de la clase Iowa tras su reactivación. Maqueta del USS Wisconsin en escala 1/72. Museo Grand Central.
        El segundo Acorazado en ser reactivado fue el USS Iowa. Se trata del buque líder de su clase pero a diferencia del USS New Jersey, este Acorazado no había visto la acción desde la guerra de Corea. El último despliegue del USS Iowa fue durante la Operación Strikeback en 1957 permaneciendo en la flota de reserva en Filadelfia desde el 24 de Febrero de 1958.
        La reactivación de este Acorazado se llevó a cabo en dos lugares. Primero en el astillero Avondale en Nueva Orleáns y en Ingalls shipbuilding en Pascagoula. La obra, en el caso de este buque estuvo plagada de polémicas pues desde el Departamento de Marina se deseaba que el Acorazado estuviera listo lo antes posible. Eso entraba en conflicto con la entidad y la enjundia de la obra a la que estaba siendo sometido el navío que requería de todo menos prisa. Debido a estas presiones, el USS Iowa fue entregado a la marina con bastantes deficiencias. Estas deficiencias, que consistían en averías mecánicas en las tres torretas principales, pérdida de fluido hidráulico en las mismas, fallos en el sistema eléctrico, fallos en el sistema de disparo fueron advertidas por la Junta de inspección de la Marina en Norfolk. La Junta recomendó que el buque se devolviera al Astillero con el fin de que la obra se completara como es debido y se efectuaran las reparaciones necesarias.
       El buque fue entregado a la Marina el 28 de Abril de 1984. Esto es, antes de lo previsto y dentro del presupuesto. El dictamen de la Junta de inspección fue pasado por alto y desde el Departamento de marina se afirmó que las reparaciones restantes que necesitaba el Acorazado podrían realizarse sobre la marcha y mientras el buque estaba en servicio.
Aspecto general de un acorazado de la clase Iowa tras su reactivación. Maqueta del USS Wisconsin en escala 1/72. Museo Grand Central.
       No sería la primera vez que la Junta de inspección recomendaría retirar el Acorazado del servicio para ser enviado de nuevo al astillero. El 17 de Marzo de 1986 el USS Iowa fue sometido de  nuevo a otra inspección, inspección que se venía posponiendo una y otra vez. Se descubrió que el buque no podía alcanzar su máxima velocidad y se recomendó que se tomaran las medidas al respecto. Ni que decir tiene que esas medidas nunca se tomaron. Más tarde volveremos a este buque pues protagonizó un lamentable episodio que tuvo seguramente su origen en esto último que he comentado.
       La reactivación del tercer Acorazado, el USS Missouri, se llevó a cabo en el Arsenal de Long Beach y el buque entró de nuevo en servicio en una ceremonia oficiada en San Francisco. Esto fue un 10 de Mayo de 1986 y a la ceremonia asistió Margaret Truman que había amadrinado el buque en 1943. Este Acorazado se encontraba en su status original de los años cincuenta pero su estado de conservación era notablemente bueno. Como he comentado, el USS Missouri había estado abierto al público en Bremerton y había recibido un mantenimiento correcto. Hay que recordar que a bordo del USS Missouri se firmó la rendición del Japón el 2 de Septiembre de 1945 dando fin, de ese modo, a la Segunda Guerra Mundial.
      A modo de anécdota hay que decir que durante los trabajos de reconstrucción del USS Missouri se descubrió una grieta de unos tres metros en el cinturón acorazado en el lado de babor. Se especuló con que el daño se había producido durante el encallamiento que sufrió el buque el 17 de enero de 1950 a la entrada de Norfolk. Sin embargo, estudios más exhaustivos demostraron que era un defecto de esa sección de la coraza. Como no afectaba a la seguridad estructural del buque no se le dio importancia y a día de hoy la grieta continúa en su sitio.
      El último de los Acorazados en ser reactivado fue el USS Wisconsin. Este buque se encontraba en el Arsenal naval de Filadelfia y su estado de conservación era deplorable. El buque, desde un punto de vista estructural estaba perfecto pero las condiciones de la instalación eléctrica, de la cubierta y en general de todo lo que estaba colocado sobre el casco eran espantosas.
Aspecto general de un acorazado de la clase Iowa tras su reactivación. Maqueta del USS Wisconsin en escala 1/72. Museo Grand Central.
         El USS Wisconsin fue modificado en el mismo astillero que su buque hermano el USS Iowa. El buque llegó al astillero el 2 de Enero de 1987 y fue entregado a la Marina el 22 de octubre de 1988. En el caso de este buque, las prisas no fueron las protagonistas de la aventura y el Acorazado, tras estar seis meses de pruebas, regresó al Astillero de Pascagoula pera sufrir aún más mejoras. De los cuatro buques reactivados, este, fue sin duda al que más tiempo se dedicó y al que más presupuesto se asignó.  Tampoco se escatimó tiempo a la hora de entrenar a la tripulación. Todo esto se tradujo en un barco eficaz y seguro. Esta eficacia quedaría demostrada durante la Operación Tormenta del Desierto en 1991. Hay que decir aquí que este buque puso el colofón a la historia activa del buque acorazado.
        Como he comentado, el coste para la reactivación de cada uno de estos buques era de unos 450 millones de dólares si bien eso no terminó siendo así. La reactivación del USS New Jersey resultó más económica por los motivos anteriormente citados pero la del USS Wisconsin resultó mucho más costosa en términos de tiempo y dinero. En total, el costo de reactivación de los cuatro acorazados de la Clase Iowa fue del orden de 1700 millones de dólares.
         Hemos visto, muy superficialmente, el proceso y los motivos de la reactivación de estos buques en una época tan tardía.  Como he comentado, la nueva puesta en servicio de los Acorazados no estuvo exenta de detractores. Cierto es que algunos de los argumentos esgrimidos por estas personas no eran tales sino verdaderas estupideces. Hay que entender – y vuelvo a repetirlo – la reactivación de los Acorazados desde el punto de vista de la US Navy. Si se quiere entender desde el punto de vista de una armada extranjera o se opina desde el más absoluto desconocimiento…en fin.
       No obstante, la puesta en servicio de estos buques si tuvo otras críticas fundamentadas. La primera de estas críticas se centraba en que los acorazados fueron puestos en servicio sin un sistema antiaéreo. No sin un sistema antiaéreo eficaz…no. Sin sistema alguno.  Llevaban, como he citado, cuatro sistemas de defensa de punto Vulcan Phalanx, un buen equipo de contramedidas electrónicas y …nada más. No se instaló a bordo un sistema Sea Sparrow o un sistema Standard. Mucho menos un
El acorazado USS Wisconsin en escala 1/72 en la sala del Museo. Para los que no me conozcan, el de la foto soy yo.
sistema Aegis como el que comenzaban a montar los por entonces nuevos Cruceros de la Clase Ticonderoga. Las excusas dadas por el Departamento de marina fueron de lo más variopintas y a la vez de lo más estúpidas. Se afirmó que las antenas y sensores de los sistemas Sea Sparrow o Aegis no podían aguantar el rebufo causado por el disparo de la batería principal de 406 mm, luego se afirmó que no había sitio a bordo para instalar tales cosas, después se dijo que había que modificar estructuralmente los buques para acoger esos sistemas, a continuación se dijo que como el buque ya llevaba escolta no le hacía falta sistema antiaéreo alguno…..podemos seguir y seguir con las excusas pero los motivos reales fueron dos. El primero es que se deseaba reactivar los Acorazados dentro de un presupuesto determinado y ese presupuesto, no daba para montar un sistema antiaéreo y mucho menos un Aegis. El segundo era el tiempo. Los buques debían ser puestos en activo lo antes posible y a tal efecto, se escogió para los mismos la configuración más asequible y rápida de ejecutar. Esa configuración permitía recuperar la potencia de fuego de las baterías principales y sobre todo desplegar un número importante de misiles de crucero de ataque a tierra en el mar. Nada más. La configuración con la que se reactivaron los Acorazados limitaba la acción de los mismos a ciertos escenarios. También había motivos políticos en esa reactivación tan apresurada y tan ajustada de presupuesto. No era de recibo que los soviéticos dispusieran de unos buques de superficie mayores que los de la US Navy y por tanto había que cerrar esa brecha lo antes posible. No obstante hay que señalar que estos buques operarían dentro de un grupo de combate centrado en un Acorazado. Este grupo de combate estaba normalmente formado por un par de destructores de la clase Spruance, un par de fragatas de la clase Perry, un par de fragatas de la clase Knox y si era necesario se podía añadir un crucero de la clase Ticonderoga. Por tanto, las necesidades antiaéreas y antisubmarinas estaban cubiertas pero esto no exime lo otro.
      Otra crítica no menos fundamentada estuvo centrada en la escasa capacidad antibuque de los Acorazados una vez reactivados. La capacidad antibuque  estaba centrada en dieciséis misiles RGM-84 Harpoon instalados – como idea de última hora – a ambos lados de la chimenea de popa.  El Harpoon es un excelente misil antibuque pero comparado con ciertos diseños soviéticos – SSN-22, P-700, Etc… - que portaban los buques con los que el Acorazado habría tenido que lidiar, parecía de juguete. Eso no es culpa de la reactivación ni del Acorazado, ni del concepto del buque. Es culpa de que en los últimos cuarenta años, la US Navy ha descuidado  el desarrollo de misiles antibuque.  Eso es debido a dos factores. Primero, la posesión de su flota de Portaaviones y segundo la orientación – desde la guerra de Corea – de la US Navy a proyectar el poder en tierra. El combate tradicional de buque contra buque no se veía como un escenario real y por tanto, un misil antibuque de gran alcance sobraba.
     La artillería pesada del Acorazado es válida, hablando en términos de precisión, hasta unos 20 Km. Cierto es que un par de proyectiles HE de 862 kg, pueden desmantelar correctamente bien un destructor o una fragata moderna pero claro, el blanco ha de estar a esa distancia o menos y eso, es muy improbable que así ocurra. Lamentablemente, en la era de los misiles antibuque, el alcance de la artillería del Acorazado es inadecuado y en un combate sería irrelevante. Hay que señalar aquí que se construyó un nuevo proyectil subcalibrado para utilizarlo en los Acorazados en sustitución de los tradicionales. Este proyectil, de unos 280 Kg. de peso, habría aumentado el alcance de los cañones hasta unas increíbles cincuenta millas. Eso sin contar que, al ser el proyectil de un peso menor, la vida útil de la pieza se multiplicaría.
     Ni los nuevos proyectiles se fabricaron en serie ni por supuesto se embarcaron. Se decidió, por los motivos económicos y de tiempo ya citados, gastar la munición fabricada en la  Segunda Guerra Mundial. De nuevo otra decisión que limitaba la potencia de pegada de estos fantásticos buques.
     Asimismo se planteó embarcar misiles Tomahawk versión antibuque o conocida como TASM.  El misil se fabricó pero no hubo ningún interés en perfeccionarlo y se abandonó por completo el proyecto. Ahora, con la nueva amenaza de la Flota china se ha pensado en desempolvar el asunto de un misil antibuque de largo alcance…con cuarenta años de atraso.
     He dicho que la configuración de los buques, los limitaba a ciertos escenarios. Durante su nuevo servicio, tres de estos Acorazados pudieron actuar dentro de una operación adecuada para ellos. El New Jersey actuó en el Líbano. El Missouri y el Wisconsin lo hicieron durante la Operación Tormenta del desierto en 1991. En ambos casos se trataba de atacar objetivos protegidos en la costa o muy cerca de ella y bajo una supremacía aérea total. Durante la Operación Tormenta del desierto, los Acorazados lanzaron un total de 48 misiles Tomahawk contra diversas posiciones irakíes con un nivel de precisión impresionante.
      En el momento en que la reactivación de estos buques se estaba llevando a cabo, ocurrió un acontecimiento que generó un nuevo debate acerca de la conveniencia o no de poner de nuevo en servicio estos buques. El acontecimiento en cuestión fue la guerra de las Malvinas. Lo cierto es que se vista como se vista, los ingleses recuperaron las islas. A muchos nos hubiera gustado otro resultado distinto pero es lo que hay. No obstante durante esa guerra se produjo un hecho impactante que fue, ni más ni menos que el hundimiento del crucero argentino General Belgrano por el submarino inglés Conqueror. Este hecho fue explotado por parte de los detractores de la puesta en servicio de los acorazados, argumentando que los mismos serían extremadamente vulnerables a los ataques submarinos. El hecho parecía demostrarlo pero solo lo parecía.
      En primer lugar hay que decir que todos los buques son vulnerables - bajo ciertas circunstancias - a un ataque por parte de un submarino. La especialidad del arma submarina es principalmente atacar buques y no repartir caramelos sugus. El submarino tiene indudablemente muchas ventajas pero quienes argumentaban que los acorazados serían tan vulnerables como el Belgrano, omitieron un pequeño detalle...Ni el Belgrano ni su escolta disponían de capacidad antisubmarina alguna. Así, es normal que desde el Conqueror pudieran hundirlo mientras se tomaban una taza de té.  Allí no hubo un combate pues el crucero no disponía de nada para responder o defenderse. Si bien los acorazados reactivados tampoco disponían de un sistema ASROC o LAMPS a bordo, su escolta si estaba bien dotada de ellos y equipada con helicópteros SH-60, sónares avanzados y unos sistemas pasivos de escucha excelentes. Por tanto, la comparación no es válida.
       Durante la guerra de las malvinas, la aviación argentina hundió un considerable número de buques ingleses y dañó a otros tantos utilizando los misiles antibuque Exocet. La aviación argentina logró los hundimientos por dos motivos. Primero por su profesionalidad. Ahí los ingleses, muy tendentes a minusvalorar a los demás -  se llevaron una desagradable sorpresa y segundo, porque los portaaviones "bebe" ingleses con su limitadísimo grupo de vuelo y sin plataformas aéreas de alerta previa daban de sí lo que daban. Ante el hundimiento de ese puñado de buques ingleses, de nuevo los detractores de la puesta en servicio de los acorazados comenzaron a poner el grito en el cielo. De nuevo, comparaban las capacidades - sin menospreciar - de la armada argentina con las de la US Navy. La posesión de su flota de portaaviones, permitía y permite a la US Navy, establecer una supremacía aérea total allí donde les dé la gana. Si no se envía un portaaviones se envían dos y si hace falta tres. Si bien los acorazados - como he comentado - no tenían una defensa antiaérea potente, sus escoltas sí la tenían y si el buque iba integrado dentro de un par de grupos de portaaviones, hablar de una amenaza aérea está fuera de lugar.
       Como he señalado, en 1988 los cuatro acorazados estaban en activo. Como he comentado, el New Jersey había participado en una pequeña acción en el líbano pero dos de estos buques, el Missouri y el Wisconsin llegarían a tiempo de ver acción y de poner el broche final a la historia del acorazado.
      Eso, os lo contaré en la parte 2.

Saludos a todos.

José Luis.